Martes 18 de agosto de 2026.- Debido al cambio climático, en la Península de Yucatán se prevén olas de calor más frecuentes y prolongadas, las cuales generarían serios problemas de salud, socioeconómicos y ambientales, principalmente, entre abril y junio, advirtieron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Incluso, se afirmó que las olas de calor no se comportan igual en todo el país, por lo que se caracterizó y comparó estos eventos en dos regiones con condiciones climáticas contrastantes, específicamente, el noreste, que es árido y semiárido, mientras que la Península de Yucatán, el clima es tropical húmedo.
El académico de la UNAM, Jorge Cortés Ramos explicó que en el noreste, las olas de calor presentan temperaturas máximas más elevadas entre junio y agosto, mientras que en la Península de Yucatán, ocurre con mayor frecuencia entre abril y junio, antes del inicio de la temporada de lluvias.

Además, su duración promedio es ligeramente mayor en Yucatán, estableció el estudio de la Unidad Académica de Estudios Territoriales Yucatán (Uaety) del Instituto de Geografía de la UNAM, junto con otras instituciones de esta casa de estudios.
Por su parte, Ana Teresa Mendoza Rosas puntualizó que la Península de Yucatán podría enfrentar en los próximos años un escenario de olas de calor más frecuentes y persistentes, particularmente durante abril, mayo y junio, cuando las temperaturas se elevan antes de que la temporada de lluvias se establezca plenamente.
Explicó que el desafío para Campeche, Quintana Roo y Yucatán, no será únicamente alcanzar temperaturas extremas, sino soportar episodios de calor que pueden repetirse y mantenerse durante varios días consecutivos.

La Península presenta una tasa promedio de aproximadamente 0.33 olas de calor por año, prácticamente el doble de la registrada en el noroeste de México, donde se estimaron 0.16 eventos anuales, de acuerdo con la investigación en la que también participó la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) – Unidad Mérida de la UNAM.
Comentó que en región peninsular, además, la duración de estos episodios se concentra principalmente entre cuatro y cinco días, aunque algunos eventos analizados llegaron a prolongarse hasta ocho días.
El estudio “Contrastes en los regímenes de olas de calor en el México subtropical seco y húmedo: una evaluación probabilística basada en estaciones” utilizó registros de estaciones climatológicas de Conagua-SMN, correspondientes al periodo de 1981 a 2018, y datos de reanálisis atmosférico ERA5 para comparar el comportamiento de ambas regiones.

Asimismo, José Francisco León Cruz añadió que para la población de la Península, una ola de calor no necesariamente significará varios días con temperaturas récord. El escenario identificado es diferente, con episodios relativamente frecuentes, con temperaturas que pueden situarse alrededor de los 40 a 44 °C y mantenerse durante varios días.
Esto puede convertirse en un problema particularmente importante porque la exposición acumulada al calor también representa un riesgo, acotó con base al estudio conjunto con el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
Abundó que un día extremadamente caluroso puede ser difícil de soportar, pero una sucesión de cuatro, cinco o más días con temperaturas elevadas puede impedir que el organismo se recupere adecuadamente, especialmente durante la noche.

En Yucatán, donde durante buena parte del año las temperaturas y la humedad ya son elevadas, estos episodios se traducirían en mayor sensación térmica, agotamiento, deshidratación y estrés por calor, principalmente entre personas adultas mayores, niños, trabajadores al aire libre y población vulnerable.
Detalló que la investigación identifica a abril, mayo y junio como los meses en los que se concentra una mayor cantidad de olas de calor en la Península.
El dato es relevante porque corresponde al periodo previo al establecimiento pleno de la temporada de lluvias. Durante estas 13 semanas pueden presentarse condiciones atmosféricas que favorecen temperaturas elevadas y ambientes más secos sobre la región.

Finalmente, Evi Becerra Acosa agregó que durante los episodios regionales analizados se presentaron anomalías positivas de temperatura de alrededor de 4.5 °C y condiciones de menor humedad sobre la Península.
Por ello, la llegada de las primeras lluvias no solamente marcará un cambio en el paisaje y en la temperatura: también representa, desde el punto de vista climático, una transición importante después de uno de los periodos de mayor ocurrencia de olas de calor.
Uno de los primeros efectos que podría experimentar la población será un incremento en la demanda de agua, concluyeron Arturo Quinanar y David Romero.
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