Tan sólo en Yucatán, anualmente se registra la pérdida de un kilómetro cuadrado de manglar, por lo que urge establecer medidas para contrarrestar la problemática ante la detección de 13 localidades de alto riesgo, advirtió el especialista de la Unidad Mérida del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Jorge Alfredo Herrera Silveira.
La situación se complica, ya que en cada región detectada, se afecta la imagen de una extensión de hasta cuatro kilómetros cuadrados, y de manera gradual, llega a afectar dicha superficie.
Hasta el momento, ya se perdieron más de 40 mil hectáreas, principalmente a consecuencia de las actividades antropogénicas, por lo que urge establecer medidas para disminuir el riesgo.
Actualmente, Yucatán ocupa el cuarto lugar mundial en extensión de manglares, lo que representa el 60 por ciento del país, situación que se podría revertir a consecuencia de la contaminación, el crecimiento demográfico, y otros factores antropogénicos.
Hoy se inauguró el Segundo Congreso de Manglares de América, organizado por dependencias, centros de investigación y organismos no gubernamentales de México, en el cual se presentarán los resultados de los recientes estudios.
Herrera Silveira expresó que tan sólo en Yucatán, anualmente se registra la pérdida de un kilómetro cuadrado de manglar, por lo que urge establecer medidas para contrarrestar la problemática ante la detección de 13 localidades de alto riesgo.

La situación se complica, ya que en cada región detectada, se afecta la imagen de una extensión de hasta cuatro kilómetros cuadrados, y de manera gradual, llega a afectar dicha superficie.
“Es notable daño al entorno de los manglares así como al ambiente marino, ya que los humedales son los que filtran el agua dulce al mar”, subrayó.
Abundó que son diversos los motivos por los cuales se pierden los manglares, tal el caso de hechos antropogénicos, causados por el hombre, como es la invasión de éstas áreas naturales, la instalación de sancochaderos clandestinos de pepino de mar, etc.
Los efectos naturales, como son los ciclones tropicales y los “nortes” también lacera ésta barrera que delimita el área terrestre con la marina, acotó el jefe del Laboratorio de Producción Primaria del Departamento de Recursos del Mar del Cinvestav – Mérida.
Reconoció que las localidades de alto riesgo están en zonas federales invadidas, tal el caso de Celestún y Progreso, principalmente.
Destacó las labores de recuperación de éstas áreas naturales, pero sólo son áreas puntuales que se dan en diversos puntos del Estado.
Comentó el logro está a cargo de especialistas de centros de investigación y asociaciones civiles, con apoyo presupuestal del gobierno.
Enunció el caso de Dzinitún, en Celestún; Petén Tzulá, en Chuburná; así como en Chelem, el camino al ex basurero municipal de Progreso, además de Ixil, San Benito, Chabihau, y Dzilam de Bravo.
Herrera Silveira mencionó que se trabajó en áreas donde el manglar ya no existía, cuyo proceso de recuperación es lento, pero los resultados se observan a partir del quinto año de trabajo.
Recordó que en 2013, con presupuesto de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) se llevó a cabo el Programa de Empleo Temporada para el rescate de humedales de Sisal, Progreso y Chuburná.
A partir de ese momento, los trabajos continuaron en otros años, por lo que espera que la labor continúe en 2023.
Indicó que los humedales son un sistema natural de importancia para el desarrollo de la flora y fauna endémica al mismo tiempo de especies animales migratorias, lo que enriquece el área.
Sin embargo, su biodiversidad se encuentra amenazada por la modificación de su entorno por acciones humanas, sobreexplotación de la fauna marina y contaminación del agua.
La superficie cubierta por los humedales del mundo es de aproximadamente ocho millones 600 mil kilómetros cuadrados. Tan sólo los existentes en la Península asciende a ocho mil kilómetros cuadrados, a lo largo de casi 550 kilómetros de costa.
En Yucatán, los humedales costeros están a lo largo de 370 kilómetros, con una cobertura de poco más de cuatro mil kilómetros cuadrados, desde Celestún, en el poniente, hasta El Cuyo, en el oriente.
Finalmente, expresó que un humedal costero o ciénega es un sitio de riqueza invaluable, filtro y purificador de nuestros mantos freáticos, pero contaminado con la presencia del hombre.
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