Jueves 15 de enero de 2026.- El sargazo bien se podría convertir en un útil producto para una industria sostenible, con un modelo de biorrefinería que permita transformar el problema ambiental en una oportunidad económica, coincidieron especialistas de la Unidad Mérida del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).
El investigador del Departamento de Recursos del Mar, Adrián Fagundo Mollineda, afirmó que la macroalga bien se puede aprovechar para la generación de energía, la agricultura, la construcción y en salud.
Con base al estudio “El sargazo podría dejar de ser plaga y convertirse en industria sostenible”, reconoció que el principal reto es la alta presencia de arsénico en la biomasa del sargazo.

Reconoció que durante más de una década el sargazo representa un grave problema ambiental, social y económico para el Caribe mexicano, fenómeno que podría transformarse en un recurso industrial de alto valor, de acuerdo con un estudio científico encabezado por investigadores del Cinvestav-Mérida.
La investigación señala que las arribazones masivas de esta macroalga provocan afectaciones severas a los ecosistemas costeros, como la eutrofización del litoral, la mortandad de pastos marinos, riesgos de contaminación de acuíferos y la emisión de gases tóxicos durante su descomposición, lo que también impacta al turismo y a la salud pública.
No obstante, los especialistas destacan que el sargazo posee una composición química con alto potencial de aprovechamiento, ya que es rico en carbohidratos como alginatos, fucoidanos, manitol y celulosa, además de compuestos bioactivos con propiedades antioxidantes.

Expresó que estos elementos permitirían su uso en la producción de biocombustibles, biofertilizantes, materiales de construcción, procesos de biorremediación y aplicaciones en los sectores farmacéutico y cosmético.
El estudio advierte que el principal obstáculo para su aprovechamiento es su alta capacidad para acumular metales pesados, especialmente arsénico, lo que limita su uso directo en alimentos y forrajes y obliga a implementar procesos de tratamiento y descontaminación previos, acotó.

Ante este panorama, los investigadores proponen un modelo de biorrefinería circular, que permita extraer de manera secuencial los compuestos de mayor valor y utilizar los residuos en la generación de energía o materiales, reduciendo riesgos ambientales y costos de manejo.
De concretarse este enfoque, el sargazo dejaría de ser considerado un desecho costoso para convertirse en una oportunidad de desarrollo sostenible y económico para las comunidades costeras, particularmente en regiones afectadas de forma recurrente por su arribo masivo.
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