Miércoles 14 de enero de 2026.- El suelo de manglares conservados es un aliado en la lucha contra el cambio climático almacenando grandes concentraciones de carbono orgánico, sin embargo, cuando se degradan por actividades humanas y eventos hidrometeorológicos su función se invierte drásticamente, cuyas secuelas son drásticas, coincidieron especialistas de la Unidad Mérida del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).
Por ende, cuando los huracanes y las actividades antropogénicas afectan, los manglares pasan de almacén a emisor de bióxido de carbono (CO2), liberando a la atmósfera el carbono guardado durante siglos.

La investigación de tesis doctoral de José Luis Cortés Esquivel, defendida el 11 de diciembre de 2025, y dirigida por los investigadores Patricia Quintana Owen y Jorge Herrera Silveira, del Cinvestav-Mérida, revela aspectos del papel del suelo de manglares de regiones cársticas.
Afirmó que la salud de los manglares no solo se mide por el verdor de sus copas, sino también puede hacerse por la «huella digital» oculta en sus minerales.

“Los minerales pueden usarse como ‘semáforos’ e indicador indirecto de la salud del ecosistema. Si el mineral cambia, el manglar está en riesgo”, acotó.
Advirtió que la degradación no es solo visual, pues un manglar dañado puede liberar hasta el 87 por ciento de su carbono orgánico, contribuyendo a las emisiones de CO2 y con ello al calentamiento global.

Remarcó que la investigación revela que las arcillas son “guardianes” del carbono a largo plazo, gracias a la propiedad de «encapsular» físicamente las partículas de materia orgánica.
Cortés Esquivel agregó que el estudio también investigó que evaluar el color del suelo es una metodología aproximada, pero confiable si se calibra, y de bajo costo para estimar la cantidad de carbono presente, democratizando el monitoreo ambiental.
Garantizó que el trabajo incluyó mediciones para evitar la sobrestimación de la materia orgánica.

Demostró que le técnica de Pérdida por Ignición (LOI) sobreestima sistemáticamente los resultados en suelos kársticos, sugiriendo incorporar calibraciones con el Análisis Termogravimétrico (TGA).
Ya que se reconoce que hay alta variabilidad espacial en el contenido de carbono orgánico de los suelos de manglar, este estudio aplicó una estrategia de muestreo y de análisis geoespacial que llevó a la generación de mapas que, por un lado, identifican áreas de alto riesgo de perder carbono orgánico, y por otro, zonas con alto potencial de captura de este si se restauran, subrayó.
Comentó que la estrategia de análisis contribuye a la toma de decisiones para decidir donde intervenir para conservar y donde para restaurar.
Finalmente dijo que la conservación y restauración efectiva de manglares requiere ciencia básica y aplicada, pero también herramientas que todos podamos aplicar.
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