En México, anualmente se comercializa de manera ilegal hasta 42 mil loros, pericos y guacamayas, sin embargo, el 70 por ciento de los psitácidos mueren antes de llegar a su destino final, reveló la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).


Estableció que de marzo a mayo se produce la mayor parte del comercio ilegal de crías de pericos, loros y guacamayas, pues es su período de anidación.


De acuerdo con el artículo 60 Bis2 de la Ley General de Vida Silvestre, se prohíbe el aprovechamiento extractivo de ejemplares de guacamayas, loros y pericos, cuya distribución natural sea en México.


La Semarnat solo puede dar autorizaciones de aprovechamiento extractivo con fines de conservación o investigación y solo a instituciones académicas acreditadas.


Con esta prohibición, el comercio ilegal disminuyó, sin embargo, se estima que actualmente, la captura ilícita de psitácidos se sitúa entre 34 mil y 41 mil 500 ejemplares por año.


Lamentablemente, la tasa de mortalidad es muy alta, pues siete de cada 10 ejemplares mueren antes de llegar a su destino final, además que el sacarlos de sus nidos es traumático para las crías y para las madres, debilita a sus poblaciones.


Los psitácidos son aves silvestres, no son mascotas ni animales de compañía. Sin embargo, su habilidad para repetir palabras, su simpatía y belleza las han convertido en el más afectado por el tráfico ilegal de especies en nuestro país.


La presión por tener a alguna de estas aves como animal de compañía merma dramáticamente sus poblaciones a lo largo de las pasadas tres décadas. Las 22 especies de loros, pericos y guacamayas que se distribuyen en México, pertenecientes a la familia Psittacidae, están en riesgo, de ahí que están protegidas por las leyes mexicanas y está prohibida su captura ilegal.


A esto se agrega que estas aves nacen desprovistas de plumas, requieren cuidado parental durante tres meses o más para que les alimenten, y después pasan un largo periodo en “guarderías” con otros ejemplares jóvenes, por lo que capturarlos compromete seriamente su probabilidad de sobrevivir.

La vida en cautiverio

En estas condiciones las aves experimentan diversas alteraciones, entre ellas: shock (por la captura), separación prematura (por la captura y por la cría en cautividad), trauma social (múltiples hogares, separación de compañeros), aislamiento y encierro, alojamiento con individuos incompatibles o en proximidad a predadores.


Por todo esto sufren depresión, anorexia, autolesiones (se quitan las plumas). A eso se agrega la mala alimentación, los nulos estándares de higiene y la falta de atención médica, pese a que son susceptibles a padecer problemas respiratorios.


Otro problema que enfrentan algunos psitácidos es la decoloración o el teñido de las plumas, lo que les provoca daños en el crecimiento de la pluma, ulceras por quemaduras, intoxicaciones, problemas respiratorios y ceguera.


Por todas estas razones, la Profepa hace un llamado a no ser cómplices del tráfico ilegal de especies, a no ser cómplices de la extinción.

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